Una planta fotovoltaica de 500 MW en el duro desierto de Gansu necesitaba cables que pudieran soportar inviernos de -30°C, veranos de 50°C y tormentas de arena abrasivas
Una planta fotovoltaica de 500 MW en el duro desierto de Gansu necesitaba cables que pudieran soportar inviernos de -30°C, veranos de 50°C y tormentas de arena abrasivas